Tu ordenador y tu cerebro, ¿iguales o diferentes?

 

Cuando se habla del cerebro electrónico de un ordenador, esto es, el procesador y el resto de elementos que forman parte del mismo, algunos tratan de identificar su funcionamiento con el del cerebro humano, destacando las semejanzas existentes entre ellos. Sin embargo, son muchos otros expertos los que apuntan a que las semejanzas entre un ordenador y el cerebro humano son escasas, siendo mayores las diferencias entre ambos elementos.

Para tratar de arrojar luz sobre este asunto vamos a tratar de decidir realmente qué tienen de parecido y que tienen de diferente estos dos elementos. Aunque ya podemos adelantar que estos aspectos dependen desde el punto de vista en que nos fijemos, así que la realidad resulta, cuanto menos, compleja.

 

Las semejanzas

Una de las principales semejanzas en la que todo el mundo coincide, tiene que ver con el uso que le damos tanto a nuestro cerebro como a nuestro ordenador. Ambos elementos nos permiten cargar una serie de datos o información, tenerla almacenada en la memoria y, con ella y nuestra capacidad de procesamiento, somos capaces de resolver problemas o tomar decisiones basadas en esa información que tenemos almacenada.

Precisamente este almacenamiento es otro de los puntos en los que ciertos profesionales apuntan a una nueva semejanza entre el ordenador y nuestro cerebro humano. Un ordenador cuenta con dos tipos de memoria, por decirlo en sencillo. Una memoria seria la RAM o memoria de uso a corto plazo, en la que se almacenan los programas y los datos relacionados directamente con lo que estamos haciendo. La otra seria el almacenamiento de largo plazo, el disco duro, en el que tenemos guardado aquello que más tarde o más temprano nos va a hacer falta utilizar para que las aplicaciones del ordenador sigan funcionando.

Pues bien, en el caso del cerebro humano tenemos algo parecido. En el cerebro disponemos de la llamada memoria a corto plazo, que almacena los datos que utilizamos sobre la marcha para resolver problemas o las percepciones actuales de nuestro entorno. En paralelo, también disponemos de una memoria a largo plazo en la que se almacena todo lo que hemos aprendido, el resultado de nuestra educación y otros elementos prácticos para nuestra vida diaria. Así pues, salvando las distancias, en este aspecto también tenemos algunas semejanzas al respecto.

 

 

Las diferencias

En donde sí se perciben considerables diferencias es en el modo de procesar la información, que en el caso de los seres humanos sigue un planteamiento razonado mientras que en el de las máquinas se emplea la llamada fuerza bruta. Como ejemplo, basta con pensar en algo tan sencillo como el ajedrez.  

Un ordenador debidamente diseñado para jugar al ajedrez va a aplicar su potencia para calcular todas las opciones existentes para lograr una serie de jugadas determinadas que le ayuden a lograr ventaja en la partida. Un proceso en el que se evalúan tanto jugadas buenas como aquellas que son rematadamente malas. Sin embargo, el jugador profesional aplica su experiencia y conocimientos para descartar aquellas opciones malas y enfoca su planteamiento en las jugadas o combinaciones que puedan serle más eficientes, en términos de ganar ventaja. Por decirlo de forma sencilla, el cerebro humano hila mucho más fino a la hora de resolver problemas.

Precisamente por este motivo es necesario disponer de ordenadores. La disciplina y la capacidad de cálculo de los ordenadores, o cerebros electrónicos, está a años luz de lo que la mente más brillante puede hacer a la hora de pensar en planteamientos masivos. Algo que tiene la ventaja, para el lado informático, de que estos cálculos se realizan de forma precisa y sin que ningún elemento se escape, que es justo lo que puede pasarnos cuando pensamos “de cabeza”.

Así que es obvio que las aplicaciones de ambas capacidades de memoria resultan bastante diferentes. De hecho, existen cuestiones como la belleza, el arte o el desarrollo de esquemas de pensamiento en las que los ordenadores físicos no tienen nada que ver con la mente humana, por mucho que sea el empeño del programador en dotar a ese programa de lo necesario para tal fin.

Seguimos con las diferencias, fijándonos ahora en el tráfico de datos e información entre los diferentes elementos que forman parte de ese cerebro. En ambos casos estamos hablando de conducciones mediante impulsos eléctricos, aunque la intensidad de cada uno de ellas es notable. Como muestra, en el caso del cerebro humano hablamos de señales eléctricas de baja intensidad, que se combinan además con diversos neurotransmisores.

En última instancia, estas sustancias son las que permiten la transferencia adecuada de datos entre las neuronas del cerebro. En el caso de los llamados cerebros electrónicos, esta potencia eléctrica es mucho mayor, lo que nos permite alcanzar mayores tráficos de datos. Algo que se traduce en esta capacidad de potencia adicional en lo que a realizar cálculos masivos se refiere.

 

 

El futuro de la inteligencia artificial

Llegados a este punto, no queremos dejar de lado una breve reseña sobre lo que se ha venido en llamar inteligencia artificial. Esta nueva tecnología informática pretende copiar alguno de los elementos presentes en el cerebro humano de cara a mejorar la capacidad de procesamiento que actualmente tienen los ordenadores.

Entre estos elementos se encuentra la capacidad de aprendizaje y comportamiento natural, de modo que el usuario pueda entenderse mejor con su ordenador frente a las opciones convencionales que tenemos hasta ahora. Algo parecido ocurre con el sistema de aprendizaje que muchos equipos están desarrollando, con el que es posible “forzar” al equipo a ir evolucionando y aprendiendo del uso, de modo que entienda mejor tanto al usuario como el proceso de uso convencional.

Todo ello sin olvidar los avances en redes neuronales, que algunas empresas como Intel califican como el futuro de la tecnología. En este apartado, el objetivo es plantear sistemas de procesamiento y almacenamiento que imiten al cerebro humano, con las ventajas que hemos comentado antes, pero combinando las mismas con la mayor potencia y rendimiento de lo que el ordenador aporta. Algo que, por ahora, es una tecnología incipiente y que a futuro debería darnos algunas sorpresas.

 

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votos, media: 5.00 de 5)
Loading...