Los vapeadores no tan sanos como nos los venden

Última actualización: 21.07.19

 

Si le echamos un vistazo a la publicidad que nos ofrecen los fabricantes de vapeadores, seguramente no nos sorprenda ver que la misma habla de muchos beneficios, pero no de riesgos para los usuarios del producto. Algo razonable, dado que el objetivo último de los fabricantes es que compremos sus productos. Una idea en la que no encaja demasiado bien el que la propia publicidad anuncie algunos efectos nocivos para los usuarios.

La prueba la tenemos en los cigarrillos convencionales, que si hoy día incluyen información relativa a los efectos perjudiciales de la nicotina y el resto de compuestos nocivos para los usuarios es por la alta exigencia que las autoridades sanitarias han impuesto. Un proceso que todavía no ha llegado a los vapeadores, pero que no extrañe que acabe también por imponerse. Sobre todo ante ciertos riesgos, como los que vamos a desvelar en este artículo

 

La nicotina más intensa

Uno de los principales argumentos que se utilizan para vender vapeadores tiene que ver con la eliminación de los elementos nocivos del tabaco convencional. Una verdad a medias, dado que los vapeadores también contienen elementos que pueden acabar afectando a nuestra salud.

Uno de ellos es la nicotina que, en el caso de los vapeadores que siguen recurriendo a ella, incluso tiene unos efectos más graves de lo que viene siendo el consumo normal. Son diversos los estudios que apuntan a que la nicotina vapeada tiene la tendencia a generar mayores picos de concentración en el organismo, así como a mantenerse a niveles más elevados que la que se fuma con un cigarrillo convencional.  

Este problema se agrava en el caso de las sales de nicotina que emplean algunos vapeadores, cuyos efectos son aún más intensos. Estas sales tienen una forma de asimilación que incrementa aún más la concentración y los efectos de las mismas, lo que también aumenta de forma notable sus efectos nocivos. Además, estas sales de nicotina pueden procesarse de modo que las mismas disimulen el sabor fuerte del tabaco, lo que supone otro riesgo para su consumo.

 

 

Metales pesados

Otro problema que tenemos en los vapeadores tiene que ver con la presencia de metales pesados en el humo que los usuarios fuman. Para entender este aspecto, es necesario tener en cuenta el proceso que se utiliza a la hora de fumar o vapear. En concreto, el vapeador utiliza una resistencia eléctrica fabricada con metal que se calienta mediante el paso de la energía por su estructura. Esta electricidad genera un calor, que es el que inflama el líquido y permite el vapeo.

En este proceso, estamos utilizando diferentes metales, tanto en la zona del dispensador como la del aerosol, en un proceso en el que, además, estamos usando electricidad para alterar las condiciones de este metal. Un proceso en el que es posible que se desprendan algunos de los metales que se utilizan en la fabricación de estos dispositivos y que los mismos puedan llegar en profundidad al tracto respiratorio.

Estas fueron las conclusiones de un estudio realizado por los profesionales de la Universidad Johns Hopkins, en el que analizaron los diferentes componentes presentes en el humo de estos vapeadores. Entre sus hallazgos, son varios los que realmente resultaron preocupantes para los usuarios, dado que en los líquidos que se encontraron en la zona del dispensador y del aerosol resultó fácil encontrar niveles significativos de metales como cromo, níquel o plomo. Incluso, en algunos casos, fue posible encontrar la presencia de arsénico, presente en un 10% de los vapeadores analizados. Algo que sorprendió a los propios científicos, dado que este contaminante se encontró en el líquido y no el vapeador, no siendo estos capaces de saber de dónde procedía este contaminante.

 

Consecuencias para la salud

Aunque seguramente ya puedas imaginarte que todos estos compuestos no son precisamente de lo más saludable para nosotros, vamos a ver algunos efectos concretos de estos elementos nocivos en nuestro organismo.

En el caso de la nicotina, son más que conocidos sus efectos a la hora de perjudicar a nuestra capacidad pulmonar, provocando una menor intensidad respiratoria, menos volumen de aire trabajado y una cierta sensación de ahogo. Este elemento también se concentra en otros órganos como la vejiga, en donde se trata de eliminar una vez que hemos fumado. Incluso puede afectar al corazón, afectando al flujo cardíaco, la potencia de las paredes y la capacidad del mismo para bombear sangre.

Algo parecido ocurre con los metales pesados. En el caso del cromo y el níquel, han sido relacionados con diferentes dolencias que afectan a los pulmones, así como a la prevalencia del cáncer de pulmón, que también provoca el tabaco convencional. En cuanto al plomo, es ampliamente conocida su capacidad de afectar a todo el organismo y sobre todo al sistema neuronal, lo que también tiene considerables consecuencias en el organismo. Finalmente, sobre el arsénico, sabemos que es uno de los elementos tóxicos más perjudiciales para cualquier organismo, siendo capaz de causar irritación en el sistema digestivo, caída en la cantidad de glóbulos rojos y blancos y otros problemas similares.

 

 

Cómo evitarlos

Si quieres reducir los efectos de estos contaminantes sobre tu salud, hay una solución eficiente pero complicada, que es dejar por completo el uso del vapeador. Pero dado que este producto se utiliza precisamente para dejar el tabaco convencional, hay algún remedio que puede servirnos para minimizar sus efectos.

En el caso de la nicotina, por ejemplo, basta con ir reduciendo aún más la presencia de este ingrediente en los líquidos o cartuchos que fumamos. Si somos capaces de dejarla por completo, aún mejor. También conviene buscar líquidos con ingredientes de calidad, preferentemente naturales, dado que estos suelen carecer de algunos de los contaminantes que hemos mencionado.

En cuanto a los metales, es básico realizar un mantenimiento adecuado de todos los elementos del vapeador. Cuanto más se usa una resistencia o menos se limpia el depósito, mayor es la tendencia de acumular todo este tipo de elementos nocivos en la zona de combustión del cigarrillo. Algo que incrementa la presencia de estos metales pesados que pueden reducirse, aunque difícilmente eliminarse, con una adecuada rutina de mantenimiento.

 

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