Los riesgos del vapeo que las empresas no te cuentan

Última actualización: 12.11.19

 

En los últimos tiempos asistimos al lanzamiento de todo tipo de dispositivos que, teóricamente, han venido a reemplazar al cigarrillo convencional, productos con los que, según las empresas, es posible dejar de fumar y eliminar de nuestra vida los efectos nocivos y perniciosos de los cigarrillos convencionales. Sin embargo, eso no es del todo cierto, puesto que no son pocos los riesgos asociados a este tipo de vapeadores y demás productos similares. Unos riesgos que las empresas se encargan de ocultar en su publicidad, en la que solo se nos informa de lo maravillosa que es esta nueva forma de fumar.

Así que si quieres saber qué es lo que te ocultan las grandes marcas tabaquera a la hora de venderte estos productos, lee nuestro artículo y descubre cómo el vapeo no es tan inocuo ni saludable como parece.

 

La nicotina sigue presente

Una de las principales excusas con las que los fumadores convencionales se pasan a los vapeadores y vaporizadores es la de acabar con los riesgos de los cigarrillos convencionales. Para reforzar este argumento, muchas empresas indican que sus productos están libres de nicotina, pero lo que no dicen es que también disponen de cartuchos y líquidos que contienen este componente. Por tanto, quien no quiera quitarse de su adicción a la nicotina va a poder mantener su consumo con el uso de estos dispositivos.

Por si esto fuera poco, son diversos estudios los que apuntan a la intensidad y concentración de dicha nicotina en algunos de estos productos. Como prueba, basta con echar un vistazo a algunos de los cartuchos ya preparados que marcas como Juul venden en el mercado. Uno de estos cartuchos contiene la misma cantidad de nicotina que un paquete de cigarrillos convencional, de modo que a medida que lo usamos mantenemos un alto nivel de concentración de nicotina en el organismo.

 

 

Por si fuera poco, son varios los estudios que apuntan a que los niveles máximos de nicotina que se alcanzan en sangre con este tipo de cigarrillos o vapeadores son mayores que los convencionales. Aún hoy los científicos están intentando entender a qué se debe esta mayor presencia de nicotina y los picos de confrontación que se consiguen, pero lo que sí han conseguido acreditar es su presencia, mediante el estudio de la cotinina. Este componente es el residuo de la nicotina una vez digerida por el organismo y se muestra en mayores concentraciones en los usuarios que vapean frente a los que consumen tabaco convencional.

 

Más concentración y otros ingredientes

Por si fuera poco, debido a la fabricación de este tipo de cartuchos, no resulta complicado para las empresas lograr combinaciones cada vez más potentes, en lo que a sabor y presencia de nicotina se refiere. Una de las técnicas que pueden usarse para ello es la presencia de las llamadas sales de nicotina, con las que es posible enmascarar el sabor de la nicotina a la hora de fumar, al tiempo que se incrementa la necesidad de fumar. Una forma que se emplea actualmente y cuyos efectos a largo plazo pueden ser perjudiciales.

Algo parecido ocurre con otros elementos presentes en estos cigarrillos y vapeadores, en sus diferentes fórmulas. En el caso de los cartuchos, son varios los estudios que han descubierto la presencia de metales pesados y otros componentes nocivos en su fabricación. Algo que implica que los contaminantes que “eliminamos” al dejar el tabaco convencional para pasarnos al electrónico van a seguir estando presentes, incluso en formas más peligrosas que la de los propios cigarrillos convencionales.

Algo parecido ocurre cuando hablamos de los líquidos. Los mismos se venden como de pase vegetal, empleando en su composición solo componentes naturales y aromas alimentarios ampliamente reconocidos en la industria. Sin embargo, muchas de estas glicerinas pueden alterarse a la hora de fumar, generando en los humos diferentes combinaciones nocivas, que incluso pueden llegar a desembocar en problemas serios de salud o ser cancerígenas. Es lo que pasa con el formaldehído o las nitrosaminas. Un problema que afecta tanto a los vapeadores que usan nicotina como a los que no, siendo obviamente más grave el efecto en el primer caso.

 

 

El hábito sigue presente

Una última cuestión importante al respecto de los riesgos de estos vapeadores tiene que ver con el hábito de fumar. Un hábito que solo tiene una solución en lo que a evitar sus riesgos se refiere: dejarlo por completo. El problema es que el uso de estos nuevos cigarrillos electrónicos acaba por fijar aún más el uso del tabaco, incluso en el caso de los fumadores que los utilizan como medio para dejar el tabaco convencional.

Es cierto que en estos últimos casos sí es posible que los usuarios sean capaces de cambiar sus rutinas por una solución algo más “saludable” como es el vapeador frente al cigarrillo de siempre. Pero como decimos, el hábito sigue fijado en la mente del fumador y este tipo de productos no hace más que fijar y mantener el mismo, camuflado además de una falsa imagen de salubridad o menos riesgo.

Este problema se refleja también en la principal consecuencia que ha surgido con la llegada de este tipo de vapeadores: su auge entre los más jóvenes. En concreto, en países como Estados Unidos se ha comprobado como el nivel de uso de este tipo de cigarrillos ha pasado de apenas un 5% a casi un 20% de los adolescentes en apenas unos pocos años. Algo que demuestra que este producto se está convirtiendo en vía de entrada al tabaquismo para usuarios que hasta ahora no tenían voluntad de fumar.

Algo que las empresas del sector conocen, tanto como para destacar la imagen más moderna y juvenil de sus productos, en un planteamiento que la propia FDA, la agencia responsable de la salud en este país, ya ha puesto en tela de juicio y se ha comprometido a perseguir de forma intensiva. Principalmente porque esta circunstancia se vive en un país en el que, como todos, la venta de estos productos está vetada a los menores de 18 años.

 

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