La impresión 3D, nueva pieza clave en la industria sanitaria

Última actualización: 19.06.19

 

La llegada de las impresoras 3D ha sido un avance que ha revolucionado todo tipo de sectores industriales. Con estas impresoras es posible obtener copias de cualquier forma que diseñemos en la pantalla de un ordenador, lo que permite crear piezas para vehículos, productos de consumo o incluso viviendas, dependiendo de las características y funciones con la que cuente la impresora de la que estamos hablando.

Sin embargo, uno de los sectores en los que estas impresoras tienen más aplicaciones es el de la industria médica y sanitaria. Un sector en el que son muchas las tareas que pueden desarrollar estas modernas máquinas, que ayudan a crear todo lo que los médicos necesiten: prótesis, medicinas personalizadas o incluso los nuevos órganos creados artificialmente son algunos ejemplos actuales. Sepamos algo más de estas aplicaciones.

 

Creación de medicamentos

Los medicamentos son uno de los principales problemas para los médicos y los pacientes a la hora de luchar contra la enfermedad. En parte, porque estos medicamentos suelen tener costes considerables en lo que a su elaboración y distribución se refiere. Y también porque son muchos los pacientes con problemas para seguir una pauta medicamentosa concreta. Algo que incide especialmente en aquellos pacientes que toman varias medicinas a lo largo del día y tienen que atiborrarse de pastillas cada noche o cada mañana.

Para resolver estos problemas, surge la llamada polipíldora. Un medicamento impreso directamente a través de una impresora 3D con un tamaño similar al de las pastillas convencionales pero que tiene la ventaja de ofrecer espacio para alojar varios principios activos en su interior. Esto supone que un paciente puede tomar todos sus tratamientos a la vez con tomar una única pastilla. Una idea que elimina el riesgo de olvidos, evita tener que preparar las pastillas con antelación y también reduce los riesgos derivados de tomar dosis dobles o de no incluir alguna de las pastillas en la pauta.

Adicionalmente, esta tecnología también facilita la producción de estas pastillas a pequeña escala en aquellos casos en que sea necesario, de modo que es más fácil llevar a cabo las pruebas de laboratorio o los tests clínicos que todo medicamento debe pasar antes de ser lanzado al mercado, en el que si se utilizan los procedimientos de fabricación convencionales.

 

 

Desarrollo de prótesis

Otro de los campos en los que las impresoras 3D suponen una revolución tiene que ver con el desarrollo de prótesis de todo tipo. Una tecnología que combina lo mejor de los procedimientos existentes pero con la mejora que se obtiene directamente de los procesos de impresión personalizados.

Dos factores que se traducen en un producto final que se adapta aún mejor a las necesidades específicas de cada usuario. Tenemos que pensar que las prótesis, en general, se fabrican de forma masiva siguiendo unos patrones generales y unas medidas más o menos estandarizadas, en función de la talla de cada paciente. Sin embargo, podemos afirmar que no hay dos pacientes iguales en lo que a necesidades de prótesis se refiere, dado que la forma del muñón o la zona en la que la prótesis se monta varía de paciente a paciente.

Hasta ahora, la solución que tenían los pacientes era confiar en la habilidad del protésico en lo que a adaptar la prótesis al cuerpo se refiere. Pero gracias a la nueva tecnología 3D, este paso se realiza de forma automática, logrando una impresión personalizada y generando prótesis que disponen de un mejor acabado, una mayor precisión y ese ajuste con el que el usuario disfrutará de una mejor experiencia de uso. Todo ello además sin añadir coste a lo que cuesta una prótesis convencional, gracias al abaratamiento que están sufriendo los materiales necesarios para este tipo de impresiones.

 

Órganos artificiales

Pese a que España es uno de los países punteros en lo que a donación de órganos se refiere, el problema de disponer de “órganos de recambio” para aquellos pacientes que lo necesitan sigue siendo un problema. Este problema podría solucionarse con los hallazgos que poco a poco se van realizando mediante tecnología 3D.

 

 

No obstante, aunque los avances en este campo están siendo espectaculares, salvo contadas excepciones no podemos hablar todavía de órganos útiles o funcionales. Pero lo que sí tenemos son pistas de que los científicos van por el buen camino empleando diferentes materiales que, a futuro, serán claves en estos procesos. Entre ellos, tenemos diferentes geles orgánicos y compatibles con el cuerpo humano, o bien los materiales orgánicos, basados directamente en células madre y otras bases parecidas. Elementos que servirán de base a estas impresiones.

Entre los desarrollos más actuales encontramos el diseño de riñón artificial, creado por la universidad de Connecticut, o bien un diseño de ovario funcional realizado por la universidad de Northwestern. Dos ejemplos de creación de órganos a partir de este tipo de materiales que, en poco tiempo, podrían empezar a aplicarse en paciente. De todos modos, recordemos que el proceso de transición desde el laboratorio hasta la sala de operaciones no suele ser breve así que aún quedará bastante espera al respecto.

 

Recambios funcionales

En donde sí estamos viendo como las mejores impresoras 3D son ya capaces de ofrecer resultados aplicables directamente a la práctica médica es en los llamados recambios funcionales. Esto es, piezas que si pueden aplicarse directamente al organismo, tales como las prótesis para rodilla o cadera o bien la piel artificial, con la que los quemados pueden mejorar sus opciones de supervivencia.

En ambos casos, el uso de la tecnología 3D permite personalizar los parámetros de creación de la pieza, a fin de evitar tanto rechazos posteriores así como dificultades durante el proceso de colocación de la misma. En el caso de la piel, científicos de universidad Carlos III de Madrid lograron imprimir en torno a 100 centímetros cuadrados de piel humana en no más de media hora, solo con usar una impresora 3D y una tinta biológica específica.

Así pues, ya tenemos la tecnología y los conocimientos necesarios para que los científicos procedan con este tipo de tratamientos. Solo queda ver hasta dónde son capaces de llegar, aunque lo cierto es que no parece que la tecnología tenga límites al respecto de ofrecernos lo que necesitamos en un futuro cercano.

 

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