El teléfono inalámbrico, entre los enemigos del WiFi

Última actualización: 07.12.19

 

Aunque no las veas, a tu alrededor hay decenas de ondas que te rodean por diferentes motivos. Unas ondas son las naturales, como las que emiten los plátanos o algunos minerales como el granito o la bentonita, una arcilla que forma parte de los componentes habituales de la arena de gatos y que se utilizaba en ciertos platos de cerámica antigua.

Pero, además de estas ondas naturales, contamos con otra gran variedad de ondas artificiales que generan los dispositivos que tenemos en nuestro hogar. Estas ondas se dividen entre las incidentales y las generadas expresamente. Entre las primeras tenemos las que crea el televisor, un transformador eléctrico o una luz fluorescente en su funcionamiento, siendo efectos residuales del uso de estos dispositivos. Respecto de las ondas generadas, estas se utilizan para muchos fines, tal como pasa con las redes WiFi o la señal que utilizan nuestros teléfonos inalámbricos para funcionar.

El inconveniente de estas últimas ondas es que tienen mayor potencia y rango, de modo que es fácil que se puedan producir interferencias entre ellas. Tanto como para que el teléfono inalámbrico sea uno de los enemigos más destacados que tiene nuestra conexión WiFi a la hora de lograr una cobertura decente.

 

Dónde surge el problema

Tal como hemos comentado, tanto el WiFi como el teléfono inalámbrico generan ondas durante su funcionamiento que no son residuales, sino imprescindibles. De hecho, la conexión WiFi no podría funcionar sin emitir esas ondas, del mismo modo que el teléfono tampoco nos permitirá hacer llamadas o responderlas si estos dispositivos no pudieran emitir estas ondas. Por tanto, no ocurre como con las ondas del televisor o el fluorescente, que son efecto derivado del uso normal y sí podrían evitarse mediante un blindaje adecuado del circuito.

Otra parte del problema está relacionada con las frecuencias que utilizan los teléfonos inalámbricos. En concreto, la banda en la que se emite principalmente en Europa es la de 900 megahercios, aunque algunos terminales de fabricación americana incluso trabajan en la de 2,4 o 5,8 gigahercios. Por su parte, las conexiones WiFi actuales emiten en la frecuencia de 2.4 Ghz, el WiFi de siempre, mientras que el llamado WiFi Plus o de alta velocidad opera en la de 5 Ghz. Como vemos, existen ciertas coincidencias de banda de frecuencia que pueden ser problemáticas, especialmente si los diferentes emisores están situados cerca. Y aunque es cierto que en Europa predominan los modelos a 900 Mhz, también es posible encontrar productos con varias bandas de frecuencia, que pueden solapar las de la emisión WiFi.

 

 

Con independencia de lo anterior, al igual que nos ocurre cuando estamos en un bar o en la calle hablando con una persona, la existencia de otros dispositivos emitiendo señales siempre genera ruido de fondo. Este ruido, en el caso presencial, sería el de las personas que tenemos a nuestro alrededor en ese bar o el tráfico que nos rodea en la calle. Un ruido que, en caso de ser elevado, puede acabar por dificultar o incluso impedir el entendimiento con nuestro interlocutor.

Pues bien, en el caso del WiFi y el teléfono inalámbrico pasa lo mismo. El uso del teléfono inalámbrico genera un ruido de fondo que siempre afecta a la cobertura del WiFi. Sí es cierto que este grado de afectación varía según diferentes aspectos como los que hemos venido comentando, pero también es verdad que el problema siempre está ahí. Algo a lo que también contribuyen otros dispositivos, como los teléfonos móviles, todo sea dicho. Pero de todos modos, centrados en el teléfono inalámbrico, vamos a ver qué remedios tenemos para solventar, en todo o en parte, estas interferencias y la calidad de velocidad que pueda experimentar nuestra red.

 

Cómo podemos resolverlo

Puesto que hablamos de elemento basados en ondas, es evidente que la mayor parte de los problemas surgen a la hora de usar el dispositivo. Por tanto, para evaluar los efectos que tiene el uso del teléfono inalámbrico sobre nuestra conexión deberemos hacerlo en una llamada, dado que la señal emitida en modo de espera es muy reducida.

A la hora de evitar estas interferencias, es conveniente destacar que la mayor fuente de ellas es la base del teléfono, que es responsable de “encontrar” al terminal inalámbrico y enviar la señal allí a donde se encuentra. Así que la primera solución que debemos aplicar es la de separar el router y la base del teléfono inalámbrico. El problema es que, a la hora de realizar la instalación, es muy probable que el técnico haya decidido poner la caja del teléfono y el router al lado, por tal de no trabajar de más. Un problema que se agrava en el caso de los usuarios de fibra, dado que el teléfono inalámbrico tiene que ir forzosamente conectado al router para obtener señal.

 

 

En ambos casos, la solución pasa por separar la base del router. Si el teléfono funciona aún con cobre, como pasa con los usuarios de ADSL, será necesario buscar otra caja de conexión a la que enchufar la base, sin que esto suponga perder cobertura, claro. Si tenemos fibra, la solución pasa por alargar el tamaño del cable que va del router al teléfono, a su base, a fin de alejar al máximo posible el router y la base del teléfono inalámbrico.

Como alternativa adicional, aunque requiere gastar dinero, podemos renovar nuestro viejo teléfono inalámbrico por uno que incluya la tecnología ECO DECT. Este sistema reduce el consumo de estos terminales, pero también reduce de forma considerable la potencia de la transmisión en un 80%, lo que se traduce en una menor carga ambiental en lo que a potencia se refiere. Por tanto, este sistema permite aligerar la carga electromagnética del entorno, hasta el punto de que apenas hay consumo ni señales perceptibles cuando el teléfono no está en uso.

 

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