El Discman MP3, un producto completo de corto recorrido

Última actualización: 11.10.19

 

Un televisor con funciones de ordenador, un teléfono móvil que hace fotos y sirve de GPS o un libro electrónico que podemos utilizar como si fuera un tablet y viceversa. Una de las principales ventajas de la tecnología es que, más tarde o más temprano, alguien se plantea la pregunta de “por qué no unimos tal cosa con aquella otra”. El resultado lo tenemos en todos estos híbridos evolucionados del producto original, que convierten un gadget en un dispositivo con aún más capacidad para hacer cosas.

Este planteamiento ha estado también presente dentro del mundo del sonido, empezando por los transistores de siempre, a los que más tarde se les añadió la pletina del walkman. Una fusión que, sin embargo, no afectó a los lectores de CD o discmans, que nunca llegaron a tener radio. Con la llegada del MP3, el discman empezó a palidecer ante la comodidad que ofrecía este nuevo sistema para escuchar música. Pero entonces, llegó el técnico con la pregunta que nadie esperaba: “¿por qué no unimos un reproductor MP3 con un lector de CDS?”. Y como siempre tiene que haber alguien que les haga caso a estos técnicos, nació el Discman MP3. Sin embargo, este producto no fue excesivamente conocido y, hoy día, sigue el mismo camino que los reproductores MP3 convencionales… el del olvido.

 

Discman y MP3, dos caminos que se cruzan

El primer protagonista en llegar a nuestro entorno fue el discman. Este producto fue lanzado por Sony, que también fue el creador del walkman allá por 1979. En concreto, el lanzamiento se ejecuta en 1984, aunque su popularización tardaría un poco más, hasta que el producto tuvo unos precios más ajustados. Este producto sirvió para dar un empujón adicional a la industria del CD, que ya había mostrado su potencial gracias a los lectores convencionales, que empezaban por aquel entonces a ser habituales en las cadenas de música que se vendían.

Respecto del MP3, el primer lanzamiento en este segmento se produce cuando el mercado del CD ya estaba bastante maduro, allá por 1998. Este primer lanzamiento, el MPMan F10, tenía una capacidad bastante limitada, de modo que apenas tenía 32 MB de memoria, se conectaba por un puerto serie que tardaba un mundo en cargar los archivos y además costaba unos 250 euros. Por fortuna, la llegada de los puertos USB, la mejora en el tamaño de las memorias y el empeño de Apple por lanzar un reproductor de calidad dieron alas a estos dispositivos. Con la llegada del nuevo milenio, el MP3 se convirtió en el estándar de la música portátil y los reproductores MP3 en su dispositivo. Tanto como para reducir las cuotas de ventas de los CDs de forma considerable y acabar de rematar a la cinta de casete, que por aquel entonces apenas aguantaba en el mercado.

 

 

El lanzamiento del discman MP3

Así que una vez que tenemos a los dos protagonistas de este artículo en su lugar, es momento de fusionarlos. Un proceso que, frente a lo que pueda parecer, resulta bastante sencillo gracias al carácter dual que tiene el CD. Este carácter dual implica que un CD puede contener música en formato convencional o bien datos de cualquier tipo. Obviamente, la música también se almacena en formato de datos, pero digamos que este formato convencional viene siendo el de los 0 y 1 que se grababan en el disco de vinilo de siempre, debidamente actualizados al formato actual. En cuanto al formato de datos convencionales, lo que tenemos es un CD en el que podemos grabar archivos, tal como haríamos hoy día en una tarjeta de memoria o un pendrive.

Así que lo único necesario para tener un discman MP3 era dotar al discman de siempre de la capacidad de leer y entender estos datos, esos archivos, así como incluir en su software un decodificador de MP3 con el que reproducir cómodamente la música que hemos almacenado en el disco. Una labor relativamente sencilla y que no implicaba grandes cambios en el producto, dado que, como hemos mencionado, este cambio solo requería de una leve variación en el programa interno del dispositivo y, ocasionalmente, en la lente de lectura para gestionar los datos.

El resultado fue un lector de CDs portátil que tenía la capacidad tanto de leer CDs de música de toda la vida, así como aquellos que hayamos creado nosotros mediante la recopilación de nuestros MP3 favoritos. Como ventaja adicional, estos dispositivos también permitían navegar por las carpetas, organizar listas de reproducción y disponer de buena parte de las funciones de un reproductor de ordenador, como la identificación de canciones, por ejemplo. Así que realmente no se notaba ningún cambio al respecto. Por eso, esta misma tecnología acabó por implantarse también en otros dispositivos como las minicadenas, que hoy día reproducen MP3 desde CD y también desde otros dispositivos, en las más modernas y dotadas de puertos USB.

 

 

Si quieres, lo tienes

A pesar de todo lo que hemos comentado respecto del declive de este dispositivo, hoy día es posible hacerse con uno de estos discmans MP3. Es cierto que la oferta no es demasiado amplia y que entre los fabricantes no hay ninguno de los punteros, pero también es verdad que no son productos especialmente caros y que los resultados que nos ofrecen son los adecuados.

Entre ellos, tenemos modelos como el Sunstech CDP10BK, que dispone de sistema Bass Boost, protección antivibraciones y una pantalla lateral con una cómoda botonera. Un producto con un precio de unos 35 euros y que funciona con pilas o alimentación por adaptador. Otra opción interesante es el reproductor de Pumpkin SH-0021-FR1. Un bonito modelo con teclado retroiluminado, una buena calidad de reproducción para ofrecer un sonido agradable, incluso la capacidad de funcionar con su batería interna, que te da hasta 12 horas de música con solo 4 horas de carga. Un modelo cuyo precio ronda los 50 euros aproximadamente.

 

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