¿Puede la impresión 3D salvar el planeta?

Última actualización: 19.08.19

 

Si miras a tu alrededor, seguramente que cualquiera de los productos que te rodea ha recorrido miles de kilómetros y necesitado una alta cantidad de recursos para llegar hasta ti. Por si esto fuera poco, seguramente hablemos de productos cuyo coste resulta bajo, por no decir ridículo, respecto de todo lo que hay que planificar, organizar y gastar para que este llegue a tu casa desde allí en donde fue fabricado.

En este contexto, son muchos los que apuestan por las famosas tres R para evitar que nos acabemos cargando el único planeta que tenemos. La primera de estas R es la de reducir, de modo que con un consumo menos exigente y más parco en lo que a recursos se refiere se entiende que seremos capaces de alargar la vida de nuestro planeta. La segunda R sería la de reutilizar. Un proceso en el que utilizamos lo que tenemos y ya hemos gastado para finalidades diferentes a las que hemos venido usando hasta ahora. La buena noticia es que cada vez son más las páginas con consejos para convertir cualquier objeto de uso cotidiano en otro totalmente diferente.

El tercer paso, la última R de este planteamiento es el de reciclar. Un proceso por el que usamos los recursos ya utilizados y que no podemos reutilizar para convertirlos en materias primas nuevas que sirvan para fabricar otros productos. Un proceso que tiene al papel, al vidrio o a los plásticos como protagonistas, así que es fácil reducir la demanda de recursos naturales si somos capaces de recuperar, al menos, los que actualmente usamos.

Sin embargo, la llegada de las nuevas impresoras 3D puede servir para plantear un futuro diferente en este mundo de fabricar, comprar, usar y tirar. Y es que esta tecnología es capaz de fabricar in situ casi todo lo que necesitemos, de modo que no tengamos que recurrir a fábricas, a transporte ni a los complejos procesos que mueven los recursos miles de kilómetros, para que estos lleguen a nuestro hogar. Algunos modelos de impresoras 3D puedes encontrar en este enlace.

 

El Fab Labs

Esta teoría se basa en unos nuevos espacios de fabricación denominados Fab Labs o MakerSpaces. En la práctica, estos lugares no son más que meros centros de fabricación equipados con modernas impresoras 3D, cortadoras por láser, fresadoras y soldadoras con las que resulta fácil crear prácticamente cualquier cosa y montarla por completo en una sola ubicación, lo que implica un considerable ahorro en todo lo que tiene que ver con el transporte y distribución de ese producto final.

 

 

Una teoría en la que las herramientas digitales de fabricación así como la existencia de archivos digitales o de CAD, que permitan fabricar un poco de todo, resultan claves. La idea que se defiende es la de un entorno abierto en la que el usuario que quiera, por ejemplo, unos zapatos, pueda acceder a una amplia base de datos en la que elegir el formato más adecuado y personalizado a la forma de su pie y adecuarlo además a su estilo.

Un nuevo planteamiento en el que la idea de código abierto toma una nueva dimensión y en la que todos comparten aquello que, en otros campos de la tecnología, sería una licencia propietaria que su creador explotaría comercialmente.

No obstante, para aquellos casos en la que los requisitos de desarrollo de un modelo concreto así lo requieran, se puede seguir usando el sistema de licencia convencional. Un sistema mejorado, en el que la tecnología blockchain actual sería clave a la hora de determinar si el producto que estamos valorando es original o copia de algo existente.

No obstante, si hablamos de productos sencillos, como las piezas de mobiliario convencional por citar un ejemplo, la existencia de productos abiertos dará posibilidades a que la tecnología se extienda. Entre otras cosas porque sin estas tecnologías y licencias abiertas es posible que el proyecto tenga un futuro oscuro.

 

Qué beneficios aporta esta nueva forma de fabricar

Aunque son previsibles, vamos a dedicar unas líneas a hablar de los beneficios que aporta este nuevo modo de fabricación, tanto en lo personal como a nivel global.

A nivel personal, es evidente que si disponemos de las licencias o de los conocimientos necesarios nos va a ser posible crear productos personalizados a nuestras necesidades hasta el último aspecto. Algo que evitará tener que disponer, en los comercios, de grandes stocks de productos con tallas, diseños o medidas que no sean las demandadas por los usuarios, evitando así la fabricación de producto condenado a su liquidación o destrucción.

 

 

Otro aspecto importante tiene que ver con la fabricación directa en cercanía. Un planteamiento que ya está aplicándose en cuestiones como la producción agrícola, en lo que se viene en llamar cultivo de proximidad. Esta teoría defiende, con lógica, la necesidad de acortar todo lo relativo al transporte de alimentos, pues no tiene sentido que un país cultive unos ciertos productos alimentarios y sin embargo estos viajen a países situados a miles de kilómetros, mientras que para el consumo nacional se traen otros alimentos de terceros países, con otro elevado coste y gasto en transporte. Un transporte que se traduce en miles de toneladas de combustible empleadas para que todo llegue a su destino.

En este caso, dado que la fabricación de este tipo de bienes sería eminentemente local, dentro del propio barrio o de la ciudad, que es donde se ubica este nuevo taller de fabricación, la necesidad de recurrir al transporte prácticamente desaparece. Por tanto, la aplicación masiva de esta tecnología reduciría la necesidad de fletar barcos o aviones para traer productos de terceros países, al tiempo que se reduciría también la necesidad de que estos compren los materiales necesarios para fabricar los mismos. Un beneficio para el medio ambiente y también una reducción notable de costes de transporte a gran distancia.

Esto puede tener la consecuencia derivada de que allí donde se instale este laboratorio sea necesario incrementar el tráfico, a fin de surtir de materias primas a las máquinas correspondientes. Algo en lo que tendrá influencia positiva la posibilidad de reciclado in situ de parte de estos materiales. Un aspecto en el que la NASA, por ejemplo, ya ha dado un paso adelante con su nueva impresora 3D.

Un producto que ya está instalado en la Estación Espacial Internacional y que no solo imprime cualquier pieza en 3D, sino que también recicla cualquier plástico y lo convierte en los filamentos que utilizan este tipo de impresoras. Doble aplicación pues de las 3R al reducir y reciclar esos materiales.

 

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