Estados Unidos le declara la guerra al cigarrillo electrónico

Última actualización: 12.11.19

 

La llegada del cigarrillo electrónico ha supuesto un nuevo desafío para los reguladores de salud. Entre otras cosas porque, tal como ocurre con toda tecnología recién llegada, resulta complicado conocer cuáles son sus efectos a medio y largo plazo. Pero en el caso de este producto es necesario también conocer otras cuestiones, como la incidencia que puede tener sobre el tabaquismo en los usuarios que aún no fuman, los efectos del “vapeo pasivo” y otra larga lista de preguntas que, por ahora, parecen no tener una respuesta clara.

Ante esta situación, y a la vista de las pocas evidencias que van existiendo al respecto, no son pocas las autoridades que están optando por la vía más radical a la hora de limitar los efectos que estos productos puedan tener para los usuarios: la de la prohibición o la limitación restrictiva del uso.  Es algo que ya estamos viendo en España, que según los expertos cuenta con una de las legislaciones más estrictas al respecto.

No obstante, a diferencia de otros sectores empresariales, la propia Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo colabora activamente en la autorregulación del sector, o al menos de sus asociados, en aspectos clave como el acceso de los menores a los vapeadores y cigarrillos electrónicos. Algo a lo que se suma el compromiso de los establecimientos de hostelería en lo que a cumplir la prohibición del uso de estos dispositivos en sus locales se refiere, en línea con las limitaciones que estos cigarrillos electrónicos tienen en todo tipo de locales públicos.

Sin embargo, no vamos a fijarnos en este caso en España, donde por una vez parece que se están dando los pasos correctos, sino que vamos a cruzar “el charco” para viajar a Estados Unidos. Un país en el que estos dispositivos estas convirtiéndose en un problema, a los ojos de a las autoridades sanitarias.

 

 

Qué pasa en Estados Unidos

Como paso previo. resulta necesario aclarar un par de cuestiones de contexto para saber los motivos de la particular cruzada que la FDA, la principal agencia de salud del país, ha emprendido contra este tipo de productos. Y es que pese a que en Estados Unidos los vapeadores y cigarrillos electrónicos no deberían llegar a los menores, en la práctica esto no ocurre, dado que un menor de edad apenas tiene problemas para hacerse con uno de  estos dispositivos.

Adicionalmente, el acceso a los líquidos saborizados con nicotina también es bastante sencillo, de modo que el riesgo de que los menores cambien el inicio temprano en el mundo del tabaco a través de estos líquidos resulta considerable. Algo que supone un problema grave, dado que las cifras de tabaquismo infantil y juvenil en el país son más que elevadas. Si a ello le añadimos el toque especial que dan los cigarrillos electrónicos el problema se agrava. Tanto como para que un dispositivo que la propia FDA reconoce que puede ayudar a dejar de fumar a los adultos se está convirtiendo en una puerta de entrada para nuevos fumadores cada vez más jóvenes.

 

Un problema incrustado

Si echamos un vistazo hacia la historia del país en lo que a la publicidad del tabaco se refiere, es fácil comprobar como el problema de Estados Unidos con el tabaquismo no es algo actual. De hecho, las grandes tabaqueras americanas incluso llegaban a usar imágenes de médicos que fuman como argumentos de venta para sus productos. Empresas que tampoco tenían empacho en ponerle un cigarrillo en la mano a Papá Noel, por tal de llegar a los más pequeños consumidores, que serían su base de clientes a futuro.

El problema de antaño se reproduce en la actualidad porque ya no es necesario recurrir a la publicidad en prensa, cine o televisión para llegar a los más jóvenes. Un sector que, además, está ya debidamente vetado para los anuncios de tabaco o cigarrillos electrónicos. Ahora es mucho más fácil lanzar publicidad en redes sociales como Twitter o Facebook, regalarle unos cuantos vapeadores a los streamers con mayor cantidad de visitas en Twitch o recurrir a los influencers que a las empresas les interesen, a fin de dar a conocer sus productos. Una técnica que se aprovecha tanto de la falta de regulación de estas formas de publicidad como de la especial incidencia que las mismas tienen entre los consumidores más jóvenes para sacarle el máximo partido a la misma.

 

 

Queé hace la FDA

Ante este contexto, la FDA ha decidido apretarles las tuercas tanto a los fabricantes como a las tiendas que venden los mismos. Como prueba, este organismo está ya amenazando a las tiendas que vendan este tipo de dispositivos a menores con multas de hasta 12.000 $ aproximadamente por cada venta indebida. No es que sea para cerrar un negocio pero sí es cierto que es un buen golpe a las cuentas de aquellos comercios que estén incumpliendo la ley.

Una amenaza similar se cierne también sobre las grandes empresas del sector y, concretamente, sobre cinco de ellas. Hablamos de Juul, una de las que más está siendo comentada entre las autoridades, Vuse (que forma parte del grupo BAT o British American Tobacco), Blu E-cigs (del grupo Imperial Brands al que pertenece la española Altadis, antigua Tabacalera), MarkTen (Altria), y Logic (de Japan Tobacco y que venden marcas como Winston o Camel). No resulta sorprendente que todas estas marcas tengan detrás a las grandes empresas tabacaleras, que ven en este producto una oportunidad de negocio más que una amenaza.

Así pues, a estas empresas son a las que la FDA se ha dirigido, exigiéndoles información completa sobre cómo comercializan sus productos, como parte del proceso de autorización de las mismas. En caso de que las prácticas comerciales no se ajusten a los estándares correspondientes, la FDA se reserva el derecho de vetar la venta de esos productos. De todos modos, algunas pistas apuntan incluso a que las propias empresas podrían estar detrás de tiendas electrónicas que venden los productos fuera del circuito con la excusa de ser distribuidores ajenos a las compañías, así que la batalla va a ser compleja.

 

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