El tocadiscos vive su segunda juventud

Última actualización: 17.09.19

 

Vivimos tiempos complicados, en los que la tecnología corre como un caballo desbocado en busca de nuevos avances. Algo que tiene que ver con un notable progreso científico y un elevado esfuerzo en lo que a inversión y desarrollo se refiere, que ejecutan las empresas con tal de mantener su posición de privilegio en el mercado.  

Sin embargo, este continuo afán de mejora y esta particular carrera suele dejar algunas “víctimas” por el camino, como son las tecnologías previas a las que las nuevas van sustituyendo. Algo que le pasó al caballo con la llegada del coche o bien a la bombilla incandescente con los últimos modelos basados en tecnología LED. Sin embargo, el gusto por lo vintage a veces devuelve a la vida a algunos de esos productos del pasado, que retornan a nuestros hogares con aún más fuerza de la que tuvieron entonces. Es lo que ha ocurrido con los tocadiscos, que han pasado de ser dispositivos del pasado a convertirse en objetos de culto.

 

El nacimiento del tocadiscos

Si buscamos el origen del tocadiscos vamos a tener que irnos bastante atrás en el tiempo. En concreto, al año 1925, en que se lanza el primero de estos dispositivos que puede considerarse como tal. Anteriormente había existido otros productos similares en lo que a reproducción y grabación del sonido se refiere tales como el gramófono o el fonógrafo, que surgieron allá por 1870.

La principal novedad que introducía el tocadiscos, frente a las opciones previas, tenía que ver con la calidad de sonido que aportaba a la hora de reproducir música, así como la mayor comodidad y capacidad de almacenamiento que tenían los discos  respecto de los modelos previos. Un aspecto que también afectó a la resistencia de estos soportes. Así que si los discos de vinilo son sensibles imagina la fragilidad de los cilindros de cera.

Poco a poco, estos tocadiscos fueron avanzando, con novedades como las diferentes revoluciones a las que podían reproducir los discos, sistemas automatizados para los brazos e incluso el diseño de productos multifunción, en los que además del tocadiscos podíamos encontrar la radio. Una evolución que se mantuvo hasta los años 70, en los que el tocadiscos empieza a sentir el aliento de sus competidores en la espalda.

 

 

Las amenazas al tocadiscos

La primera de estas amenazas seria la cinta de casete. Un formato mucho más cómodo de utilizar que los discos y que ocupaba mucho menos espacio en casa. Además, no había que limpiarlo ni tampoco corríamos el riesgo de romper su superficie accidentalmente durante la reproducción de las cintas. La única precaución necesaria era la de limpiar los cabezales correctamente y evitar que las cintas se enredasen. Sin embargo, la calidad de sonido de este modelo no era todo lo buena que la del vinilo, así que muchos nostálgicos prefirieron quedarse con el formato de siempre.

Dos décadas después, allá por los años 90, llega el mayor rival que el vinilo ha tenido hasta ahora: el CD. Este nuevo formato supondría la segunda gran revolución en lo que a la reducción del tamaño del producto se refiere, ganando aún más en calidad de sonido y comodidad de uso, derivado del nuevo formato digital. En este caso, sí se notaría la prevalencia de este nuevo formato respecto del vinilo, cuya cuota de mercado se redujo a casi cero. Sin embargo, como si de la aldea de Asterix se tratase, los amantes del vinilo siguieron resistiendo. Por cierto, si te lo estás preguntando, tampoco las descargas digitales lograron acabar con el tocadiscos de siempre. Si es verdad que el MP3 ha eliminado buena parte del mercado de CDs pero tampoco eliminó por completo al tocadiscos.

 

Llega el resurgir

En un momento en el que el tocadiscos estaba en sus horas más bajas, una nueva tendencia empezó a moverse en el mercado. La tendencia por la que los usuarios empezaban a demandar cada vez más discos y tocadiscos. Una tendencia que poco a poco fue calando en la industria, que respondió con inteligencia a la demanda de los más melómanos.

Así pues, en poco tiempo hemos visto cómo toda la industria, tanto fabricantes de electrónica como discográficas, ha rotado en favor de esta tecnología, ampliando tanto la oferta de discos que se editan en el mercado en este soporte. Un aspecto al que también han contribuido una gran cantidad de grupos, que apuestan por este sistema alternativo como forma de marcar tendencia y distanciarse del resto de grupos. En paralelo, son muchos los grupos con ya años de experiencia a sus espaldas los que han lanzado recopilatorios en vinilo, como regalo para sus fans.

A esta evolución también se han sumado los fabricantes de tecnología, que han rescatado de sus líneas de producción los viejos tocadiscos y los han sometido a un tratamiento de rejuvenecimiento, con el que darle a esos equipos un toque más actual. Algo que ayuda a mantener la esencia y el sabor de los productos más clásicos pero con la durabilidad y la tecnología más moderna. Así que el tocadiscos ya no es solo patrimonio exclusivo de los DJs, sino que de nuevo vuelve a popularizarse con una amplia oferta de tocadiscos buenos y baratos. En este enlace puedes consultar algunas opciones de compra.

 

 

El hábito y el sonido, las claves

Si aún no sabes cuales son los motivos principales de este auge hay dos puntos fundamentales. Uno de ellos tiene con la capacidad de reproducir el sonido de un tocadiscos, que hoy día ninguna tecnología, ni siquiera por la alta calidad digital de muchos modelos. Así que este es el principal secreto que ha mantenido a este formato tan antiguo en la cresta de ola. Por tanto, quienes tienen un oído más fino y buscan las sensaciones más puras se empeñan en recurrir al tocadiscos, por ser la única opción satisfactoria al respecto.

El otro motivo es una cuestión de rutina o hábito, similar a la de quienes fuman en pipa o se preparan un té al modo ceremonial japonés. Escuchar un disco en un tocadiscos es un proceso que requiere de cuidado a la hora de elegir, sacar el disco, colocarlo en su lugar, limpiarlo si hace falta y dejar caer con cuidado el brazo en la pista correspondiente. Un proceso que, para los más puristas, sigue siendo algo realmente agradable.

 

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