El fumador pasivo desaparece con el uso de los modernos vapeadores

Última actualización: 12.11.19

 

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan quienes están cerca de un fumador es que, a pesar de que no cojan un cigarro en su vida, es altamente probable que sufran los mismos efectos que el fumador que tengan cerca. Un aspecto que ha sido ampliamente analizado por los profesionales del sector en una figura que se denomina la del fumador pasivo. Sin embargo, cuando se trata de vapear, la cosa cambia bastante, reduciendo de forma considerable el problema. Algo que vamos a analizar con algo más de detalle a continuación.

 

El fumador pasivo

Por fumador pasivo se entiende aquella persona que respira el humo del tabaco generado por unos o varios fumadores que se encuentran en su entorno, sufriendo pues las consecuencias de los tóxicos presentes en estos productos. En algunos, los fumadores pasivos se refieren también al llamado humo de segunda mano, que solía ser habitual antiguamente en aquellos locales públicos en los que se permitía fumar.

Este humo se iba concentrando tanto por la propia combustión del cigarrillo como por el proceso de fumado de los usuarios, que al exhalar también contaminan el ambiente. Cuanto más personas fumadoras haya en una estancia, mayores son las concentraciones de tóxicos en la misma, lo que puede acabar convirtiéndose en un problema realmente serio para los no fumadores. Tanto como para que este tabaquismo pasivo genere problemas de salud tales como cáncer de pulmón o mama, infecciones, problemas respiratorios y mayor riesgo de contraer tuberculosis o de sufrir con mayor intensidad los efectos del asma y la alergia.

 

 

El vapeador pasivo

Aplicando este mismo planteamiento, algunos científicos han pensado en los efectos que podían tener los vapeadores pasivos. Esto es la gente que respira el humo que exhalan los vapeadores durante el uso de los dispositivos. Unos científicos que no tardarían mucho en descubrir que la figura del vapeador pasivo prácticamente no existe.

Como parte de estas pruebas, la Universidad Complutense de Madrid realizó un estudio en el que se evaluaba los efectos sobre las personas no fumadoras que estaban cerca de un vapeador en lo que a la absorción de nicotina se refiere. El resultado más destacado es que la absorción de nicotina en los no vapeadores se quedaba solamente en el 1% de la cantidad de nicotina que absorbería un fumador pasivo en esas mismas condiciones.

De este mismo estudio se desprende que los efectos del resto de elementos nocivos que están presentes en el humo del vapeador, bastantes menos de los que tiene el tabaco convencionales, tampoco afectan a estos fumadores pasivos. Así pues, de los resultados de este estudio, en línea con otros realizados por diferentes entidades, no solo demuestran la casi nula contaminación cruzada que sufren los vapeadores pasivos, sino que prácticamente destruyen este concepto.

 

Los motivos

Esta baja transferencia de contaminantes a través del humo tiene una explicación bastante plausible y relacionada con las diferencias existentes en el proceso de vapeo y el fumado convencional.

En primer lugar, el cigarrillo convencional se quema, tanto el tabaco del interior como el papel del exterior, lo que genera una elevada cantidad de contaminantes durante el proceso de fumado. En concreto, en el humo del tabaco es posible encontrar cerca de 400 sustancias diferentes, de las que gran parte son perjudiciales para el organismo. Algo que no ocurre en el caso del humo del vapeador, que generalmente se compone de vapor de agua, nicotina y algunos otros contaminantes menores. Algo que es fácil de percibir con solo echarle un vistazo y comparar el humo que sale de un cigarro con el que sale de un vapeador.

Todos estos elementos se presentan en una concentración mucho más reducida que en el cigarrillo convencional y en formas menos nocivas. Principalmente porque en el caso del vapeador no es necesario quemar nada, sino que simplemente se vaporiza el líquido hasta llevarlo a su ebullición y a la generación del vapor. Un proceso de transformación mucho más limpio que el de combustión, que ofrece la ventaja adicional de no alterar los diferentes elementos presentes en el líquido, tal como pasa con el cigarro convencional.

 

 

El humo del vapeador marca la diferencia

Hay un aspecto adicional que conviene considerar y que tiene que ver con la forma en que se difunde y mantiene en el ambiente el humo del tabaco frente al humo de un vapeador. Algo que literalmente salta a la vista.

En el caso del humo del tabaco, y por tanto de todos los componentes que incluye, vemos como el humo es denso, espeso y se mantiene en la estancia durante minutos e incluso horas. Además, hablamos de un humo molesto, que pone amarillos los materiales textiles, se pega a la ropa e incluso puede ser percibido varios días después de haber fumado por aquellas personas que no estén acostumbradas al tabaco.

Por el contrario, los vapeadores no generan un humo tan intenso, sino que el mismo prácticamente desaparece a los pocos segundos de haberse exhalado. Así que si a la baja concentración de contaminantes de este humo le sumamos una menor presencia en el ambiente, ya tenemos uno de los elementos que explican esta menor afectación del vapeador.

Por si fuera poco, también la forma de combustión del cigarrillo y la de inflamación del vapeador tiene algo que decir. En el caso del cigarrillo, basta con encender el mismo para que se inicie este proceso de combustión y empiece a salir humo por la habitación. Un humo al que se suma el que fuma y vierte a la estancia el fumador, el famoso humo de segunda mano que hemos mencionado.

Así que en el caso del cigarrillo convencional tenemos dos fuentes de humo: el cigarrillo y el fumador. En el caso del vapeador, el dispositivo no genera humo más que cuando se utiliza, lo que reduce la cantidad global de humo vertida a la estancia. Y dado que este humo es igual de ligero y liviano que el que exhala el vapeador, se entiende la casi nula incidencia del humo en quienes nos rodean que, a lo sumo, percibirán el olor del líquido que se esté utilizando.

 

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