El cigarrillo electrónico, puerta de entrada para nuevos fumadores

Última actualización: 17.09.19

 

Si hay un producto que en los últimos tiempos se ha visto rodeado de controversia y opiniones discordantes es el cigarrillo electrónico. Un dispositivo pensado originalmente como alternativa al cigarrillo convencional, ofreciendo a los fumadores una nueva posibilidad con la que incluso podían dejar su hábito convencional y disfrutar de los beneficios de una vida sin tabaco.

Sin embargo, pese a que algunos de esos fumadores de siempre han conseguido dejar el hábito gracias a estos cigarrillos, también son muchas los personas que, hasta ahora, no se habían planteado empezar a fumar quienes están dando el salto al tabaquismo empleando estos dispositivos. Algo en lo que está influyendo el planteamiento de la industria, que tiene en estos nuevos usuarios buena parte de su enfoque en lo que a marketing se refiere.

 

Los datos hablan

Aunque muchos puedan pensar que estamos exagerando, por desgracia son muchos los datos que apuntan en esta línea. Entre ellos, tenemos un artículo publicado por el The New England Journal of Medicine, que evalúa la incidencia de este tipo de dispositivos entre usuarios de Estados Unidos.

Según los resultados de dicho estudio, en 2011 apenas el 2% de los estudiantes de instituto evaluados utilizaba estos cigarrillos electrónicos. Sin embargo, apenas 4 años después, el porcentaje de usuarios de este tipo de productos se había disparado hasta un 16%. Prueba de la influencia de la estrategia de marketing que las empresas están utilizando para llegar a los nuevos consumidores. Por suerte, después de nuevas campañas sanitarias destinadas a este segmento, se logró reducir dicha presencia hasta un 11%, que aun así sigue siendo un porcentaje considerablemente elevado de usuarios.

 

 

Los motivos

Entre los motivos que explican este crecimiento se encuentran algunos que ya hemos comentado. Entre ellos tenemos la influencia de las empresas en los más jóvenes, con productos que cada vez son más cómodos de utilizar, tienen un diseño especialmente tecnológico en lo que al aspecto se refiere y, además, dan un toque aún más cool o moderno a fumar con uno de estos dispositivos.

Una tendencia en la que la industria también trabaja, contando para ello con productos que cada vez son más avanzados tecnológicamente hablando. La prueba la tenemos en modelos como el “Juul”, considerado por muchos usuarios como el iPhone de los cigarrillos electrónicos. Este producto tiene un sistema de carga mediante cartuchos que, con uno solo de ellos, dispensa al usuario tanta nicotina como la que contiene un cigarrillo convencional. Por tanto, los usuarios de este producto siguen estando expuestos a contenidos y elementos tóxicos, tal como venía ocurriendo con los cigarrillos convencionales.

Otro de los riesgos de estos cigarrillos electrónicos tiene que ver con la normalización del acto de fumar como un aspecto saludable. De hecho, no son pocos los estudios del sector tabaquero que afirman sin rubor que frente a las más de 4.000 sustancias de efecto dudoso que podemos encontrar en el humo de un cigarrillo, el vapeo solo genera vapor de agua y nicotina.

Un discurso con el que la industria pretende normalizar el hábito de fumar, eliminando con argumentos falaces los riesgos que el tabaco tiene para la salud, tanto normal como electrónico. De hecho, la intención última de los fabricantes es mantener cautivos a sus usuarios, de modo que si un día tienen que pasarse al tabaco convencional lo hagan desde una posición más eficiente para sus intereses, como vendría siendo un cigarrillo convencional.

 

Ante todo discreción

Por si todo esto fuera poco, el diseño del cigarrillo electrónico hace aún más fácil que los adolescentes oculten a sus padres que fuman. El tamaño de estos dispositivos es mucho más reducido que el del tradicional paquete de tabaco, lo que simplifica su ocultación. Todo ello sin olvidar que, dado su diseño, es posible que muchos padres ni siquiera sepan para qué sirve realmente este dispositivo, que puede pasar por un pendrive o algo parecido. En paralelo, el vapeo genera una menor cantidad de humo durante el uso que el cigarrillo convencional, así que en este caso también resulta más difícil para los padres saber realmente si su hijo está fumando o no.

 

 

Esta discreción también afecta al proceso de compra de estos cigarrillos electrónicos y sus cargas correspondientes. Ahora no hace falta ir a un estanco ni tratar con el dueño de un establecimiento de hostelería para que nos active la máquina para comprar tabaco, sino que basta con elegir por internet tanto el modelo de cigarrillo electrónico como la variedad de tabaco que más nos guste para recibirla cómodamente en casa pasados unos días. Tienes unas opciones de compra aquí.

Y si no queremos que llegue a nuestro hogar, basta elegir la entrega en alguno de los buzones públicos que las diferentes empresas ofrecen, para que la recogida sea aún más discreta. Un proceso de compra en el que, según la FDA, incluso podrían estar implicadas las empresas del sector, que cuentan con páginas web de dudosa legalidad, en lo que a la comprobación de la edad de sus consumidores se refiere, a fin de que sus futuros fumadores tengan el suministro que necesitan.

 

Los riesgos permanecen

Como remate a los riesgos de estos productos, es fundamental recordar que aquellos cigarrillos electrónicos que emplean nicotina siguen manteniendo los riesgos del tabaco convencional. Entre otras cosas porque la nicotina sigue generando riesgos para la salud que ya son todos conocidos, pero que además tienen aún más efectos nocivos en los menores. Y es que son muchas las pruebas de que las sustancias tóxicas presentes en los cigarrillos electrónicos pueden causar problemas sobre el desarrollo cerebral de los adolescentes, así como en su salud en general. Por tanto, los riesgos son aún mayores de los que tendría un usuario de mayor edad.

Unos riesgos a los que también se suman los ya conocidos de la nicotina. El consumo de este contaminante, así como del resto de tóxicos generados por estos cigarrillos electrónicos, puede llegar a dañar el ADN, a provocar mutaciones y a incrementar de forma notable el riesgo de cáncer. Así que, como hemos comentado, los riesgos de este tipo de productos son más que considerables. Al menos, tanto como para que las autoridades ya estén tomando medidas al respecto.

 

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